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dc.contributor.advisorDr. Luis de la Calle Robles
dc.creatorSerrano Campos, Daniela
dc.date.issued2022
dc.identifier174702.pdf
dc.identifier.urihttp://hdl.handle.net/11651/5515
dc.description.abstractEn las últimas dos décadas, México se ha convertido en uno de los países más violentos del mundo. Tan solo en 2014, durante la noche del 26 y la madrugada del 27 de septiembre, 43 estudiantes sufrieron desaparición forzada. En los días, semanas y meses posteriores, tuvieron lugar algunas de las protestas más grandes en la historia moderna del país, hasta que en julio de 2018 el electorado echó al partido que estaba en el poder. ¿Qué explica que las personas salgan a protestar y votar? Las respuestas que se han dado son parciales e inconsistentes. Algunas investigaciones han encontrado que la violencia alienta la participación en protestas, pero desalienta la participación en elecciones. Otras investigaciones han encontrado que la violencia desalienta la participación en ambas. Sin embargo, ha faltado explicar a qué se debe que la violencia no siempre afecte la participación política de la misma manera. En esta tesis propongo una explicación basada en la atribución de culpa, es decir, en las creencias de la ciudadanía sobre quiénes son los culpables de la violencia. Además, cuestiono que la violencia se asuma como un problema simple, claro y fácil de comprender. Lo mismo respecto a la distinción empírica entre violencia política y criminal y a la distinción sustantiva entre participación en protestas y elecciones. En su lugar, afirmo que la violencia es un problema perverso y que entenderla de esta manera permite incluir la percepción de la ciudadanía antes de que se asuma como una amenaza, riesgo o costo. En este sentido, entiendo los problemas perversos como aquellas situaciones indeseadas acerca de las cuales la información es confusa, difícil de obtener y comprender, en la que hay grupos y personas que toman decisiones con valores e intereses en conflicto que ocultan o tergiversan deliberadamente la información (Churchman 1967). En tanto que, la participación política la entiendo en un sentido amplio como cualquier acción que se realiza individual o colectivamente con el fin de incidir en la elección de autoridades, la acción de los actores políticos y las políticas públicas (Kaase y Marsh 1979). El argumento principal de la tesis es que el efecto de la violencia sobre la participación política es moderado por la capacidad de atribución de culpa. Encuentro que la relación entre violencia y participación política es más fuerte en las personas que culpan con claridad a las autoridades. Las víctimas de la violencia, incluso las no-víctimas, que culpan a las autoridades tienen más probabilidades de participar en política que las víctimas que no las culpan. También encuentro que la indignación y el miedo alientan la participación política. Finalmente, la membresía en organizaciones, disponibilidad de redes sociales, la experiencia previa en protestas y el voto por el partido político opositor en las elecciones presidenciales previas están asociadas con la participación política. Tanto personas como comunidades sortean diversos desafíos cognitivos y emocionales para interpretar los problemas a su alrededor, sobre todo cuando son perversos. En el caso de la violencia, las personas se enfrentan a la incertidumbre, a la normalización, a la criminalización de las víctimas, a la ambigüedad, a los discursos de evasión de culpa, a intercambios de culpabilizaciones, desinformación y manipulación. En términos emocionales, las personas y comunidades pueden experimentar indiferencia y miedo. Cuando las personas superan estos desafíos y atribuyen con claridad culpa a las autoridades como perpetradoras de violencia, la participación política es más probable. ¿Cómo logra la ciudadanía culpar a las autoridades de la violencia? Responder a esta pregunta obliga a indagar las dinámicas emocionales y normativas, específicamente sobre el papel del miedo y el enojo ante problemas perversos. Las crisis de seguridad experimentadas en numerosos países en las últimas dos décadas han incentivado a las autoridades a emprender políticas de militarización y mano dura para mejorar su aprobación y desempeño en el corto plazo. Cuando la violencia ha aumentado y las autoridades han sido culpadas, la ciudadanía ha salido a las calles a protestar y a las urnas a castigar. Para poner a prueba esta tesis, diseñé y conduje un experimento de laboratorio en cuatro universidades mexicanas, en el marco del Estudio Ómnibus; creé la Base de Protestas Anticrimen en México (BAPAM), la cual registra la información periodística de 2,170 protestas ocurridas entre 2007 y 2014 en los municipios del país. Asimismo, utilicé datos de diversas encuestas y registros: Encuesta Nacional sobre Violencia Organizada (ENVO), Encuesta Nacional de Victimización y Percepción sobre Seguridad Pública (ENVIPE), Elecciones, Violencia y Estructura Social (EVES): Base de Datos Integral de Municipios Mexicanos (Bravo, Grau y Maldonado 2014), Sistema de Información del Registro Federal de las Organizaciones de la Sociedad Civil (SIRFOSC) y del Censo Nacional de Gobiernos Municipales y Delegacionales (CNGMD) del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI). Mi teoría del efecto de los problemas perversos moderado por la atribución de culpa contribuye a varias áreas de la sociología y ciencia políticas, incluidas las teorías de los movimientos sociales (movilización de recursos, oportunidades políticas, marcos de interpretación), las literaturas de rendición de cuentas, voto retrospectivo y económico, así como a los estudios de las respuestas políticas a la violencia.
dc.description.abstractOver the last two decades, Mexico has become one of the world’s most violent countries. In 2014 alone, on the night and early morning of September 26 and 27, forty-three students were forcibly disappeared. In the days, weeks, and months that followed, some of the largest protests ever held in Mexico took place, until in 2018, voters removed the party in power from office. What explains people going out to protest and vote? The responses given until now are inconsistent and partial. Some researchers have found that violence encourages participation in protests but discourages participation in elections. Others have found that violence discourages participation in both. However, what is missing is an explanation of why violence does not always affect political participation in the same way. In this thesis, I propose an explanation based on fixing blame, that is, on the citizenry’s beliefs about who is at fault for the violence. I also question that violence can be understood as a simple, clear problem easily understood, as well as the empirical distinction between political and criminal violence and the substantive distinction between participation in protests and elections. Instead, I assert that violence is a wicked problem and that understanding it in this way makes it possible to include the public perception before seeing it as threatening or costly. In this sense, I understand wicked problems as those undesired situations about which information is confused and difficult to obtain and understand, in which groups and decision-makers with conflicting values and interests hide or deliberately twist the information (Churchman 1967). The thesis’s main argument is that the effect of violence on political participation is moderated by the ability to attribute blame. I find that the relationship between violence and political participation is stronger in people who clearly blame the authorities than among those who do not. Victims of violence —and even non-victims— who blame the authorities are more likely to participate in politics than those who do not blame them. I also find that both fear and indignation are associated with political participation and that belonging to organizations and the availability of social networks, prior experience in protests, and voting for an opposition party in the previous presidential elections are all associated with political participation. Both individuals and communities deal with different cognitive and emotional challenges when interpreting the problems around them, above all when they are wicked, that is when they are neither simple, clear, nor easy to understand. In the case of violence, people face uncertainty, normalization, the criminalization of victims, ambiguity, discourses evading blame, the exchange of blame, disinformation, and manipulation. Emotionally, individuals and communities may experience indifference and fear. When people overcome those challenges and clearly attribute blame to the authorities as perpetrators of violence, political participation is more probable. Why do people manage to blame authorities for the violence they experience? Answering this question forces us to understand emotional and normative dynamics, specifically the role of fear and anger in the face of wicked problems. The security crises experienced in many countries in the last two decades have encouraged authorities to implement militarization policies and take a hard line to improve their short-term performance. When violence increased and the citizenry began to blame the authorities, protests began and the parties in power were penalized at the polls. To answer the question, I carried out a laboratory experiment in four Mexican universities in the framework of the Omnibus Study. I created the Anticrime Protests in Mexico Data Base (BAPAM) for protests between 2007 and 2014. Finally, I based my work on the data from different surveys and logs: The National Survey about Organized Violence (ENVO), the National Survey of Victimization and Perception about Public Security (ENVIPE), the Comprehensive Data Base of Mexican Municipalities, the Information System of the Federal Register of Civil Society Organizations (SIRFOSC), and the National Census of Municipal and Borough Governments. My theory of the effect of wicked problems moderated by the attribution of blame contributes to several areas of sociology and political science, including the theories of social movements (the mobilization of resources, political opportunities, frameworks for interpretation), the retrospective and economic vote, and studies of political responses to violence.
dc.formatapplication/PDF
dc.language.isospa
dc.publisherEl Autor
dc.rightsCon fundamento en los artículos 21 y 27 de la Ley Federal del Derecho de Autor y como titular de los derechos moral y patrimonial, otorgo de manera gratuita y permanente al Centro de Investigación y Docencia Económicas, A.C. y a su Biblioteca autorización para que fije la obra en cualquier medio, incluido el electrónico, y la divulguen entre sus usuarios, profesores, estudiantes o terceras personas, sin que pueda percibir por tal divulgación una contraprestación.
dc.subject.lcshPolitical participation -- Effect of violence on -- Mexico.
dc.subject.lcshPolitical violence -- Mexico.
dc.subject.lcshBlame -- Political aspects -- Mexico.
dc.titleFue el Estado: problemas perversos, atribución de culpa y participación política
dc.title.alternativeFue el Estado (“It was the State”): wicked problems, blame attribution and political participation
dc.typeTesis doctoral
dc.accessrightsAcceso abierto
dc.recordIdentifier000174702
dc.rights.licenseCreative Commons Reconocimiento-NoComercial-SinObraDerivada 4.0 Internacional CC BY-NC-ND
thesis.degree.grantorCentro de Investigación y Docencia Económicas
thesis.degree.nameDoctorado en Ciencia Política
dc.proquest.rightsYes


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